El último viaje de la abuela

EL ÚLTIMO VIAJE DE LA ABUELA

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Llegó el momento de preparar la maleta para el último viaje de la abuela. Cambia de domicilio y tendrá nuevos vecinos. Es un paso delicado, a veces conflictivo y siempre, muy emotivo.

ME HAGO VIEJA

“El tiempo va pasando y me hago vieja” dice la abuela. “No abuela, no te haces vieja, te haces mayor”, le responde su bisnieta de 7 años.

La abuela se ha hecho muy mayor.

Su cuerpo ha cambiado pero sobre todo su mente. No es tan ágil como antes, ni tiene tanto aguante. Pero sobre todo, su memoria no es la misma. Los despistes y los olvidos le están costando muchos disgustos.

“¿Cuántas pastillas has tomado hoy abuela?, ¿has comido?, ¿no recuerdas que hoy íbamos al médico?…” son ya tantas veces.

La abuela se enfada mucho.

No quiere que la ayudemos. Nos dice que no vayamos tanto a verla y marearla. Pero ella nos necesita más que nunca.

“No quiero comer, no me sabe a nada”, dice cuando le llevamos un guiso de mamá. “No me laves la ropa, que yo sé hacerlo”, pero se pone la misma ropa todos los días.

La abuela es como un bebé.

Es normal que el cuerpo cambie y no sea el que era hace años. Lo que antes se retenía, ahora se escapa.

Llega la hora de usar pañales, la abuela se resigna y los usa. No como se debería, pero lo hace. Poco a poco irá aprendiendo que son de usar y tirar.

 

Recuerdos de la abuela

LA ABUELA YA NO PUEDE ESTAR SOLA

Ha ido pasando el tiempo. La abuela ha ido perdiendo coordinación y memoria. No puede estar sola en casa.

Hay reunión familiar.

Después de muchos dimes y diretes, de porque tú y porque yo, de los pros y de los contras… llegamos a un acuerdo: la abuela cambia de domicilio.

Ojalá se pudiera quedar en nuestras casas, a temporadas o siempre, pero es difícil. Juan viaja de lunes a viernes, seguiría estando sola. En mi casa hay escaleras para subir a las habitaciones, son un obstáculo para ella. Y con Carlos y su mujer… hace tiempo que dejaron de preocuparse por ella.

Ella tampoco está dispuesta a que entre alguien en su casa y la cuide. No admite que lo necesita.

Pueden sonar a excusas, puede que me esté justificando y que otros consigan hacerlo mejor. Pero queremos darle el mejor cuidado a la que siempre nos cuidó. Queremos “educar” a la que siempre nos enseñó. Queremos mimar a la que siempre nos mimó. Y sobre todo, queremos estar con ella, disfrutar de su compañía sin estar riñendo, discutiendo o enfadarnos por no saber aceptar que su cuerpo y su mente están volviendo a la niñez.

La abuela va a la residencia.

“Mamá, te vamos a llevar a la residencia. Sí, donde estuvo el tío Juan y donde está tu vecina Margarita”

Es un momento muy duro tener que decírselo. Pero no por el hecho de decirlo, si no, por cómo lo interprete ella.

La residencia va a ser su casa pero con personal que la atienda constantemente. Ellos la cuidarán y nosotros la mimaremos. Tendremos la tranquilidad de saber que no se olvida de sus pastillas, de comer, de vestirse adecuadamente… Estará rodeada de abuelas, madres y padres como ella y al menos, tendrá de nuevo vecinos, hará amigos y reencontrará a otros.

El momento de la maleta.

“Abuela ¿te ayudo a recoger la ropa?” le pregunta su nieta. “No, solo quiero llevar lo bonito, dejaré lo viejo y arrugado aquí”

La abuela decide qué llevar y qué no. Entre lágrimas, las suyas y las nuestras, se va despidiendo de sus “tesoros” como dice ella.

Mira la casa, cada habitación, en cada rincón, revisa cada armario…

“Quiero irme, cuanto antes empiece una nueva etapa, antes me acostumbraré”

 

La maleta de la abuela

LA RESIDENCIA

Quizás sea uno de los momentos más duros de la vida, tanto para los padres como para los hijos. ¡Cuántas veces lo he oído y lo he visto!

Es una decisión difícil porque casi nadie lo quiere. Pero a veces, no hay más opciones. Cuando no puedes cuidar a tus padres con la atención que se merecen y hay que admitir dejarlos en manos de otras personas.

Al final te das cuenta de que no es un error optar por la residencia. Es loable el trabajo que realiza allí todo el personal cuando ves el cariño que trasmiten a quienes van a formar parte de su vida y pasan a ser sus “abuelos”.

De nosotros depende seguir siendo sus hijos, sus nietos, sus bisnietos, sus sobrinos… yendo a verla igual que lo hacíamos antes, dando un paseo con ella, celebrando sus cumpleaños, alegrándonos con ella de las notas de los bisnietos, de los trofeos del nieto, del ascenso de su hijo…  Seguimos siendo una familia abuela.

Seguimos estando a tu lado. Todos te queremos. Y a ti se te ve más tranquila, más cuidada y nos regalas tus mejores sonrisas y abrazos, igual que cuando éramos pequeños. Gracias abuela.

 

Y para poner banda sonora a esta historia, os dejo una canción preciosa de Jose Luis Perales. La abuela no es marinera, pero todos alguna vez navegamos en busca de la libertad:

Vídeo obtenido de youtube: https://youtu.be/EqWfZspNY3c

(Artículo escrito con todo mi corazón y dedicado a Javi)

Si quieres leer otro artículo escrito con mucho cariño sobre el Alzehimer, aquí lo tienes: “Si la memoria no me falla

Si la memoria no me falla

 

  Como siempre, me encantaría leer tus comentarios y experiencias. Gracias por ello. 

2 comentarios en “EL ÚLTIMO VIAJE DE LA ABUELA

  1. Rebeca, maravilloso relato…mucho que pensar para los que vemos como nuestros padres van cumpliendo años… muchísimo que aprovechar a vivir junto a ellos….

    También mucho sentido para quienes profesionalmente vemos a diario a tantos abuelos que emprendieron en su día aquel último viaje…. y que devuelven multiplicado el cariño que les dedicamos… con un “buenos días”, una sonrisa, y una broma, conseguimos hacer brillar los ojos en la cara de aquellos que emprendieron aquel último cambio en sus vidas…

    1. Hola Javier:
      Gracias por tus palabras, me alegra ver que la historia es un sentimiento compartido por muchos.
      Al final, lo que cuenta es el cariño y respeto que reciben nuestros abuelos de todos los que los rodean.
      Hay que seguir haciendo brillar sus ojos, como tú dices.
      Gracias de nuevo por compartir tu experiencia.
      Saludos
      Rebeca Cuenca, Farmabeka

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