EL AÑO EN EL QUE NACÍ

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Si en algún momento pensaste que nada puede cambiar el ritmo del mundo… te equivocaste. Desde el nacimiento de un bebé hasta el orden mundial de todas las naciones pueden depender de un factor común: un virus.

EL AÑO EN EL QUE NA

2020, Odisea en el mundo… no, no es una película, es la más cruda realidad.

Nada más comenzar el año, nos llegaban rumores de que un virus estaba causando numerosas neumonías en China. Al fin y al cabo, queda tan lejos ese país, que no le dimos mayor importancia.

En un mes, empezamos a oír cómo Europa se iba impregnando de esta enfermedad y los científicos y políticos comenzaron a ponerse nerviosos. La OMS le puso nombre: COVID-19 o Sars-cov2. El 11 de marzo se declaró la PANDEMIA. La cosa no pintaba bien.

Marzo fue el mes de la tristeza, de los nervios, tensión, dolor, sufrimiento… los meses siguientes fueron agónicos, teniendo la esperanza ahogada en un suspiro, los apoyos, las muestras de cariño, los aplausos… fueron el impulso a una sociedad enrabiada y agotada.

Pero llegó el sol, el verano, la desescalada y vimos abierto el cielo. Volvimos a reunirnos, a festejar, a trasnochar, a vivir a medias la vida que estábamos añorando.

En septiembre las cifras volvieron a empeorar, subían los casos. Al virus ya no le importaba la edad: adultos de mediana edad, jóvenes, niños… como fichas de dominó iban cayendo uno tras otro.

Acusaciones cruzadas: mascarillas, distancias, fiestas, falta de medios, falta de prevención, irresponsabilidad… todo fue alimentando al virus hasta llegar a noviembre y ver que el fin de año se acerca y aún seguimos con él.

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EL BEBÉ Y EL VIRUS

¿Qué pasa cuando un bebé nace?

Familia, amigos, compañeros de trabajo… todos quieren felicitar a los padres, todos quieren conocerlo, TODOS!!

Pero en tiempos de pandemia, ¿qué sucede?

La mujer se pone de parto, va al hospital acompañada de su marido y él espera hasta poder entrar en el paritorio (si todo va bien), y lo hace SOLO… sin nadie que le apoye en ese momento tan tenso y emocionante a la vez.

El bebé nace y es recibido por sus padres, sin nadie más, no hay más gente en la habitación. Quizá sea un alivio, pero también se añora a los abuelos quienes tendrán que esperar para ver a su nieto un par de días más.

En casa, ya no es la fiesta que hubiera sido en otros tiempo, no hay recibimiento a lo grande… Por la puerta, también se puede colar el virus y desde luego, no es bienvenido. Los abuelos, los tíos, los primos… los amigos, los compañeros… todos tendrán que esperar y aguantar sus ganas de ver al recién nacido.

El bebé necesita besos y abrazos. Sí, y muchos. Pero de sus padres. No es tiempo de besarlo, ni de acocharlo por otras personas que no sean convivientes… es una personita muy delicada, y en cada besito o arrumaco, podemos regalarle el maléfico virus, como si de un cuento de hadas se tratara.

Mascarilla, higiene de manos, distancia, hablar en susurro, tiempo de estancia… son premisas que deberían rodear al recién nacido como a sus familiares.

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TODO LLEGARÁ

Todo llega, todo pasa, todo se supera…

Pensemos que esto no va a ser eterno y que cuanto mejor lo hagamos TODOS, mientras la ciencia investiga y avanza, menores consecuencias tendrá.

Esperanza

Por todos los que nos rodean, por los que queremos, por los que estamos, por los que se fueron y por los que acaban de llegar… mucho ánimo porque TODO LLEGARÁ.

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